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Revestir con ladrillos

Revestir con ladrillos a la vista

19 junio 2010

Un ladrillo es una pieza cerámica obtenida por moldeo, secado y cocción a altas temperaturas que se emplea en albañilería para la ejecución de elementos constructivos como paredees, tabiques, muros, pisos, etc. Hay distintos tipos de ladrillos, de acuerdo al uso: ladrillos de extrusión o a máquina, ladrillo de campo o artesanal, ladrillo de revestimiento que es más fino, ladrillos refractarios para revestir chimeneas, etc.

Las paredes revestidas con ladrillos tienen un aspecto rústico y cálido que aporta un clima acogedor a las habitaciones. En exterior, los ladrillos son un acabado muy resistente con un excelente resultado visual, ya que su textura y colorido, aportan gran belleza a las construcciones.

Cómo revestir una pared con ladrillos:

Antes de comenzar a revestir cualquier superficie con ladrillos, debemos poner a punto la misma. La pared debe estar limpia, exenta de humedades, y debe estar totalmente lisa y libre de huecos e imperfecciones.

En el caso que la pared a revestir esté pintada, la lavaremos con lavandina diluida en agua caliente y un cepillo para desengrasarla. Las zonas donde la pintura se descascare deben lijarse para que no queden restos. Si la pared está empapelada, debemos retirar el papel y los restos de adhesivo.

Para revestir las paredes, utilizaremos ladrillos de revestir (plaquetas) que son más finos que los estándar (3cm).

Para asegurarnos de que las hiladas de ladrillos queden perfectamente horizontales, trazaremos líneas auxiliares sobre la pared, con una separación de 70cm una de otra.

Para fijar los ladrillos a la pared podemos utilizar el tradicional mortero de cemento portland o un adhesivo especial. El adhesivo especial se aplica sobre el muro con una línea y se distribuye de forma pareja para evitar acumulaciones en ciertos sectores.

La colocación se realiza desde abajo hacia arriba. Debemos encolar la pared por zonas, hasta unas cuatro o cinco hileras. Los ladrillos se colocarán por hiladas, tomando en cuenta las líneas auxiliares y no el zócalo, pues puede no estar horizontal.

Para fijar el ladrillo, lo presionamos con fuerza moderada sobre el adhesivo. Debemos cuidar de dejar la junta entre cada pieza. Esta junta puede tener entre uno y dos centímetros, los cuales nos permiten absorber cualquier desvío pequeño en la colocación.

Generalmente se trabaja con junta alternada, donde la junta de una hilada coincide con el centro del ladrillo de la hilada siguiente, por este motivo, la segunda hilada siempre comenzará con medio ladrillo.

Para partir los ladrillos emplearemos un cortafrío y una masa.

Cuando el revestimiento está seco, debemos terminar las juntas con un material para este fin, que se coloca con cuchara de albañil y se deja un centímetro por debajo del nivel de los ladrillos.

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